ENRIQUE VIANA: EL COMPAÑERO QUE RESISTE AL ARCHIVO

ENRIQUE VIANA: EL COMPAÑERO QUE RESISTE AL ARCHIVO

(por Germán Parula Ferrando. Foto: diario de 2005)

Niños afectados por plombemia en el barrio montevideano La Teja, contaminación grave por cromo sobre el acuífero Raigón por parte de la transnacional Dirox, fábricas de pasta de celulosa que jamás debieron instalarse en estas tierras, hoteles de alta categoría construidos en sitios donde no podían ser autorizados, mineras que amenazaban con arruinar regiones enteras del territorio, tratamiento irresponsables de residuos hospitalarios, leyes claramente inconstitucionales redactadas para favorecer actividades predatorias de empresas “anacionales”, fueron algunos de los casos a los que Enrique dedicó su saber, su tiempo y su energía, no por ser ecologista, sino porque asumía que ese era su deber, su responsabilidad indeclinable desde el importante cargo público que ocupó hasta el 1º de noviembre de 2017.

Ya en 2005, Enrique Viana advertía sobre la grave contaminación que se avecinaba en el país, a pesar del reciente resultado del plebiscito histórico conocido como “La reforma del agua”, que algunos ingenuos –entre quienes me incluyo- pensaron dejaba a salvo de cualquier riesgo de contaminación y mercantilización a nuestros bienes hídricos. Siendo 2005 el año en que la “izquierda progresista” asumió el poder, no faltaron quienes atribuyeron al entonces Fiscal intenciones políticas en sus actuaciones. Porque, ¿quién podía imaginar un año después del famoso discurso de Vázquez en Minas de Corrales, donde reivindicó enérgicamente el cuidado del medio ambiente, que se iniciaría durante su mandato el mayor proceso entreguista y de expansión del extractivismo contaminante y depredador en la historia de esta tierra?

Enrique Viana se mantuvo siempre al margen de la actividad partidaria, desoyendo tanto críticas malintencionadas como palmas condescendientes llegadas de distintas tiendas, y se enfocó en sus responsabilidades como Fiscal, rechazando sistemáticamente incluso las ofertas de protagonismo político que no faltaron, ni de derecha ni de izquierda (si es que hoy tales clasificaciones pueden considerarse válidas).

Por supuesto, su trabajo no tuvo el acompañamiento del Poder Judicial, tan funcional a los intereses del capital como los propios actores políticos y funcionarios genuflexos. Se cuentan con los dedos de una mano los casos tratados por Enrique durante más de una década y media de actuación en la Fiscalía Civil, que fueron atendidos por la Justicia con la gravedad y urgencia que ameritaban.

En cuanto a los “movimientos socio-ambientales”, algunos por ser funcionales al sistema partidario variopinto, otros por simple mezquindad, tampoco –salvo honrosas excepciones- dieron a Enrique Viana el apoyo que necesitaba y le correspondía. Porque es claro que, cuando de la defensa de los Bienes Comunes se trata, no existe actuación legal efectiva si no va acompañada de movilización popular. Con el tiempo, comprobamos que la movilización también estaba contaminada por intereses partidarios o por influjo de algún “caudillo ambientalista” ávido de protagonismo y control de “las masas”. Prueba irrefutable de ello fue la respuesta desde las organizaciones sociales cuando Enrique Viana fue separado del cargo por el fiscal general Jorge Díaz (en complicidad con el entonces ministro de cultura Ricardo Ehrlich) en 2016. Entonces hubo tres movilizaciones reclamando su inmediata restitución: en la primera participaron unas 300 personas, de la segunda no más de 50 y en la tercera, realizada frente a Fiscalía General, tal vez 30. De esa forma, las organizaciones sociales facilitaron el ruin trabajo del fiscal general, y las empresas acusadas en los procedimientos del Fiscal Viana aplaudieron.

A un pueblo afectado por falta de memoria crónica, no está de más recordarle aquellos tiempos en que representantes de grupos de ambientalistas concurríamos “en barra” a la oficina de Enrique Viana, en la peatonal Sarandí, a pedir su apoyo y/o recomendación legal. Él estaba a disposición de las organizaciones, siempre se hacía un tiempo para recibirnos en aquel pequeño recinto dedicándonos la mayor atención, preocupándose y ocupándose de nuestras inquietudes. Sin embargo…

En la última década, Enrique fue convocado por organizaciones ambientalistas y grupos de vecinos cerca de un centenar de veces, para exponer sobre aspectos legales relacionados a las amenazas que se cernían sobre el ambiente y las poblaciones. Tuve el inmenso honor de acompañarlo al menos en la mitad de esas charlas, para brindar la mirada ambientalista en cada uno de los casos, complementaria de la legal que él compartía. Esos viajes, que llegaron hasta los más recónditos pueblos existentes en el mapa, incluso algunos fuera de fronteras, se realizaban sin medir número de asistentes ni el costo de la travesía que era normalmente absorbido por nuestros bolsillos. Enrique siempre compartió información y consejos legales con la mayor generosidad y absoluto rigor profesional. Lo único que esperaba a cambio era ver accionar a los vecinos por sus propios derechos.

Luego de años de resistir los abusos cometidos por el fiscal general, quien se ha dedicado a dictar instrucción a los fiscales atentando sistemáticamente contra la independencia técnica del ministerio público –situación de la que los propios fiscales se han vuelto cómplices-, luego soportar en silencio el ninguneo del Poder Judicial ante los casos por él presentados, Enrique Viana renunció a su trabajo de Fiscal el día en que el parlamento uruguayo aprobó el nuevo Código del Proceso Penal, redactado a medias entre el departamento de estado de EEUU y el fiscal general Jorge Díaz. Permanecer en el cargo en convivencia con esta nueva legislación contra la que con tanto valor y convicción batalló, así como con las personas que la promovieron y apoyaron, resultó demasiado intolerable para él.

Enrique Viana se quedó sin trabajo –por cierto, un empleo público muy bien remunerado- porque ni su dignidad ni su consciencia tienen precio. Desde entonces se ha dedicado al ejercicio libre de la abogacía.

En esta nota decidí quitarle el título de “Doctor”. No lo hice por desconocimiento a su profesión, ya que lo considero uno de los mejores abogados, si no el mejor de estas comarcas. Lo hice porque creo que una persona de tal calidad humana y de incuestionable compromiso con el prójimo y las causas que hacen al Bien Común, no necesita gentilicios para que resaltar su valor. Lo hice porque, en esta nota, decidí hablar del Compañero por encima del abogado, el que se ha jugado incondicionalmente por todos nosotros, con humildad y generosidad extrema, a costo de su propio bienestar.

En los últimos meses, Enrique Viana se ha sumado a la puja electoral. Sabemos que, nuevamente, su decisión fue consecuencia de un acto de lealtad. Desde ese nuevo lugar pretende defender sus convicciones y las causas comunes.

Es sabido que desde la Asamblea Pachamama no se apoyan partidos políticos, ya que tenemos una posición contraria al sistema que, según nuestro sentir, al recibir nuestra legitimación mediante las urnas nos mantiene cautivos del control y la explotación por parte de los centros de poder. En las últimas campañas “electoreras” nos hemos dedicado a alentar a vecinas y vecinos a anular el voto o a abstenerse de votar.

Esta vez será distinto. Si bien desde Asamblea Pachamama no apoyaremos a ningún partido en forma directa, sí recomendaremos a todos aquellos que sientan imperativo dedicar su voto, lo hagan por la candidatura de Enrique Viana, aunque más no sea para devolverle todo el apoyo que nunca debió faltarle de parte de quienes siempre contamos con él. Es el menor reconocimiento que podemos tener para con quien entregó todo por nuestras Causas Comunes, para el único servidor público que resiste y resistirá al archivo.

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